La luz de febrero



Gateando está febrero

sobre las cúpulas del agua.

Vuelve el frío

que se extiende hacia adentro,

un frío distinto al de otros inviernos.

Vuelve la negación del espacio que en ti ocupo,

donde nace la lluvia,

donde se pierde el viento y mi horizonte.



Y dentro hay un círculo

conteniendo otro círculo,

y más allá otro círculo

y aún otro más

conteniendo

el amor inconmovible,

la identidad sin fin

donde se teje la vida

con su pasión de abismo.



Y el universo tiene la curva exacta

de mi sangre,

del paisaje que guardo en la mirada

cuando vuelo sin rumbo abierta a lo intangible.



A todos y a ninguno pertenezco

sino a mí misma.

Siempre


Un verso está a punto de nacer.

Nace del amor y de la luz ondulante

que da sentido

a los acordes del silencio.

Nace del beso intacto de la vida

que proclama

que todos los días comienza el mundo.

Pronunciar es crear.

Dejar el alma al descubierto.

Y ser – siempre-

un mendigo del conocimiento.

Epílogo



Entre las amapolas del olvido,
en los ojos que besan el espejeo
de la palabra tiempo,
bajo la imantación furtiva de la noche
donde el sueño se extiende
con su mano de lluvia,
se deshizo,
                               se volatilizó
                                                        se desvaneció
la mariposa.


La mariposa desapareció entre mis dedos.
Se convirtió en polvo.
Sólo polvo amarillo entre mis dedos.
 

Sólo silencio húmedo
junto al calor extraño que devora
la última luz amarilla
derramada a mis pies.

Para seguir viviendo



Corazón mío,

cíñete a la Belleza que eterniza los días.

Asciende a la alegría al  invadir tu boca

con la lucidez caliente de la risa.

Acuérdate de la dulzura

cuyos lamidos fecundos pueden ser inagotables.

Pon en tus labios

el cuerpo fascinante

de la poesía invisible de las cosas.

Entra en la marea en donde habita el deseo,

como cobijo prohibido de las aguas salvajes.

Cubre tu piel, una vez más,

con terciopelos de ternura.

Contágiate de la serenidad de las palpitaciones del bosque

que restauran su paz

en el espacio de libertad donde acaban las fronteras.

Dime qué nombres viven

entre los líquenes benignos de las venas,

qué palabras en blanco hablan de mí,

con labios que todavía responden

al sabor de unos párpados.



Corazón mío,

háblame del amor invencible,

del destino inevitable del enigma,

donde yo existo más.

Donde yo existo.

Una grieta en el muro




Cuando te dejas…

todo el hielo azul del iceberg

puede fundirse en tus ojos,

porque es el fuego

quien habla nuestra lengua.

Y te atrae hacia su fondo

y te atrapa en su espejo de llamas

y te transforma, en un instante,

en aliento que abrasa los bosques.



Un instante de desnudez  y estás perdido,

sabes que estás perdido …

en la maleza de las debilidades y torpezas,

de las encrucijadas

que van tejiendo su delicada metonimia

de argumentos,

de las sacudidas que hacen que el muro se mueva.



Cuando te dejas…

el agua puede ser pintada por el fuego

o penetrada por la luz

para ser, otra vez, la morada de colores

de un volcán que se renueva.



Cuando nadie te ve …

Cuando te dejas…

El árbol sumergido

                                                                                                                                   

He susurrado mi secreto al árbol solitario

que crece en el centro del bosque impenetrable,

como un ángel equivocado

que muriera y renaciera

cien veces cada día,

absorbiendo aún la vida

con sus pies de raíces.



Quiero que pintes el árbol azul

sin nombre,

que quisiera no ser símbolo de lo efímero,

el árbol de la leyenda

de los amores negados,

el árbol de la leyenda

de las promesas que nunca mueren.



Quiero que pintes el árbol azul

y  se lo entregues al mar.



Para que no se desvanezca

y sus hojas de sal lleguen a ser

mucho más que tiempo,

más que humo y adioses y extrañeza,

y resista así

a la invasión del olvido.

Después


Es el tiempo del amor

Y no es tu tiempo.
 

Es el tiempo del talismán de las palabras,

de la infinitud de los horizontes rojos,

de los cuerpos en que abrigarse,

del almanaque sin fechas,

Y no es tu tiempo.


Es el tiempo de buscar pedazos de luna en los bolsillos,

el tiempo de los océanos calientes,

del verano asomando a los ojos,

de las lágrimas contentas,

de beber la vida hasta el fondo.


Y no es tu tiempo.

Y no es mi tiempo.


Ahora, todavía, es el tiempo.

Después, quizá,

el tiempo ya no sea tan amable

y venga, como una salmodia helada,

a cerrar las puertas.

Después, quizá, ya sea tarde.

La costumbre de soñar



Desde el lápiz gastado que inventa
la pasión en los ojos,
escribo sobre el viento una canción de amor.


La canción inexpresable
que navega entre papeles,
entre dos luces,
entre flores de humo,
y se extiende por la humedad de la sombra
de los amantes en el agua.


La belleza de amor
en donde se derraman todos los colores.
Las razones de la belleza
en la armonía del misterio.
El poema de eternidad que ha dictado
la voz que nace de los sueños.

Reino de algas

 

Todo nace de nuevo
cuando el deseo dibuja su mapa
en el cuerpo de los amantes.
Al ritmo del latido de los ojos

que penetran
en cada pliegue, en cada vértice,

en cada dulce curva.
 

Todo el universo es, entonces,
un rito de abrasantes olas,
de mágicos peces lúbricos
que se hacen transparentes
en los mil gestos distintos
que el amor vierte
sobre la piel humedecida.


Un rito caliente,
caliente y anhelante,
de pasiones voraces.
 

Todo nace de nuevo
en medio de nuestro oleaje fecundo.
Todo ondula, se llena de medusas ebrias,
de dientes piadosos que muerden la carne.
 

Imnmensamente desnuda
me redimo en ti.
En el rito intacto
con el que estamos creando un mundo.

Ungida con la corona de las vírgenes.

El sol continuará


Aunque mi voz se duerma

no quisiera que murieran mis recuerdos.

Allí donde nacieron, cuando era niña,

las verdades sencillas, las canciones,

el color de la sonrisa

y las tristezas amables.

Cuando llenaba mis bolsillos de pequeños tesoros

y jugaba con el viento entre mis manos

o contaba mis secretos al silencio de la almohada.



Aunque yo me vaya

no quisiera morir en el recuerdo

de aquéllos a quien he amado.

Mis poemas son todo lo que dejo

y allí estaré cuando me busques.



Allí estaré

cuando mires los mil caminos del agua

o la quietud de los árboles.

Allí estaré.

Te lo prometo: no faltaré a la cita.

Crujir de ramas




Una sola gota de amor nuestro
hará crecer el deseo de este bosque.


Así he aprendido a ser
tu misma tierra húmeda
en cada efímera pisada delatora,
tu mismo vuelo único
adentrándose en el corazón silencioso
de los árboles,
tu mismo temblor cálido
rezumando sueños en las hojas mojadas.

 
Y tu misma agua
que alumbra las raíces.

Aliento de hilos rotos



De vez en cuando pasa la vida a nuestro lado,

deja su secreto colgado en la ventana,

se acerca a nuestra mesa

y permanece quieta, respirando.



Nos señala el rostro,

nos deslumbra con su pasión,

con sus ríos de alegría,

con sus alas abiertas como un fuego suave,

con su torrente de sueños por donde circuló

la esperanza.



Para anunciar al alba

que es más que todo lo que ha sido,

que el amor más hondo nunca acaba,

que todavía es la luz, el día derramado

en el fondo del tiempo,

y un paraíso de algas y palabras,

de olas y páginas,

de salitre y de sílabas labio a labio,

que se quedaron esperando para siempre.



En ocasiones la vida pasa a nuestro lado

y la dejamos caer,

gota a gota,

en oscuro desconcierto, como una sombra,

y la dejamos huir,

en aleteo impenetrable.

O tal vez nunca

supimos reconocerla.

Donde se pierden los nombres



Cada vez más cerca

del nunca que del siempre,

cada vez un poco más cerca

del yo que del nosotros.

Peligrosamente cerca del abismo

de lo sólo presentido en lo deshabitado

-          Un hilo muy frágil uniéndome al sueño –

Y del silencio que tiene la voz de tu silencio.



Cada vez más borrosos los ojos

en la penumbra,

cada vez un poco más fuertes los vientos

destruyendo los labios,

buscando otras maneras de navegar espacios

que no existen,

de transgredir horas acunadas

sobre el cristal,

cuando todos los tiempos

no son más que un aullido lejano

ante el azul de los espejos.



Cada vez más pequeña,

cada vez un poco más incierta,

tan incierta la luz

como en el sueño aquel

en el que tú me ofrecías anillos

y yo serenamente te mostraba

mis manos sin dedos.



Cada vez más perdida,

sin rencor ni sonrisa,

en el olvido.

Eso que acaso somos

He querido volver
a aquel oscuro lugar del corazón
desde estos ojos nuevos
que ahora tengo
para recordarme a mí misma
que al final del dolor no existe ya
dolor
sino milagro y renacimiento
en la verdad más honda:
la alegría, la belleza, el amor,
yo ( plenamente yo )
en mis poemas
abrazando la Vida..

Bajo el misterio



Un corazón contra el miedo,

aprendiendo a recorrer los lagos

en el que están sumergidas las palabras.

Un corazón contra el silencio,

desgarrando el disfraz

con el que las palabras viven.

Un corazón contra la muerte,

intentando con el vuelo ligero de un vocablo

iluminar por un instante la vida.


Las palabras,

las palabras siempre,

como los más bellos cuerpos desnudos

ocultos en el mágico mundo

en donde sobrevuelan alientos

que te desvisten por dentro.

Como una mano sonriente

que reposa, serena, todavía caliente

en la frente dormida,

y le concede el don de una lejana luz

vacilante ,temblorosa , apasionada,

sin fin y sin principio.


Más allá del misterio.

En todas partes

" Nada me desengaña,la vida me ha hechizado"
Quevedo.


Y así,

te arrebata intensamente

la vida,

te arrebata el rostro inocente

de un niño,

te arrebata una música,

la trémula belleza de unas manos,

el espacio dichoso

compartido entre amigos

en los días de fiesta,

una risa en la noche creciendo erguida

en tus entrañas,

el misterio de la poesía que fluye

escondido en todas partes.


Y te dejas lamer por la vida

desde los pies hasta el rostro,

y te dejas llevar por su canto

en tu lecho de flores,

por su incendio de abrazos,

y te dejas besar

por sus labios de fresca brisa

renovada

que proclaman

que todos los días comienza el mundo.


La siento, ahora,

cómo mueve sus manos invisibles

escribiendo conmigo

este poema.

Apotegma



Cristales bajo los pies.
Jeroglíficos que se pierden
en las aguas estancadas del tiempo.
Diminutas manchas de tinta
suspendidas en el aire.

Cuando se rompen los azares,
las metáforas invisibles,
y las redes levísimas
que encadenan por dentro.

Cuando desertan , una a una,
las palabras
que nadan contra corriente
en un baile de espejos.

Crisálidas de sal
contemplando lo que dicen los silencios:
También hay olas tierra adentro.

Luz a mi sangre

Hoy
el día se viste de labios y de voces
que nacen al mundo
para disfrutarlo todo.
Y los brazos se amarran a las raíces
que empujan al árbol
a las alturas
para no dejar escapar el instante.

Hoy
el día se cubre de esa luz
que rompe las piedras y devora la niebla,
que toma del mar su forma
para ser de nuevo
pasión.
Resplandor que da de lleno en nuestro rostro
cegando los ojos
que se hunden en nueva luz que gime
y a gritos se ofrece
tras el cristal de la escritura.

Tierra firme




Era mi reino la isla extática,
donde perderse y dejar caer los mapas,
donde mirar los pasos del pasado
en el espejo de las olas,
donde ser espectadores anónimos
de nuestro propio enigma,
donde asumir el riesgo del salto al vacío,
sin argumentos, ni razones ni consignas.
Donde la sal persiste,
dulce y húmeda.

Era mi reino la isla hospitalaria,
la isla y su tesoro,
la isla y sus horas apacibles,
la isla y las palabras ardientes,
la isla y el temblor en mi piel
de sus arenas nocturnas.

Era mi reino…

Pero a medida que avanzo
se borran los caminos,
los rostros comienzan a romperse,
se disuelven los minutos
en que brilló, de pronto,
levísimo y fugaz,
el eterno azul de la isla.

Era mi reino
y el amor al fondo…

Un isla que se hunde
para volver al fondo del océano.