He susurrado mi secreto al árbol solitario
que crece en el centro del bosque impenetrable,
como un ángel equivocado
que muriera y renaciera
cien veces cada día,
absorbiendo aún la vida
con sus pies de raíces.
Quiero que pintes el árbol azul
sin nombre,
que quisiera no ser símbolo de lo efímero,
el árbol de la leyenda
de los amores negados,
el árbol de la leyenda
de las promesas que nunca mueren.
Quiero que pintes el árbol azul
y se lo entregues al mar.
Para que no se desvanezca
y sus hojas de sal lleguen a ser
mucho más que tiempo,
más que humo y adioses y extrañeza,
y resista así
a la invasión del olvido.
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